Arriba, muy arriba

Desde hace varios meses frecuento el valle Santa Catalina, muy pocos lo conocen por su nombre, sólo los distritos son conocidos, Poroto, Laredo y Simbal, es la parte rural de Trujillo, tan rica que nos provee de las hortalizas más frescas, siempre es interesante llegar por allí, para mí es un respiro encontrarme con esos matices verdes, tierras cultivadas y gente trabajando al sol.
Esta vez no fui para hacer ninguna de mis visitas de seguimiento, esta vez fui porque me invitaron para caminar un poco, para reir y jugar al cruzar un río, para verme a mí misma en medio de remolinos inesperados de miedos y encantos al trepar un cerro y sólo desear lllegar a la cima, sentirme libre y por un instante triunfante, redescubrir las líneas que otros trazaron y que, algunos llaman petroglifos. Fueron instantes que solo confié en personas menores que yo para dar un paso y no caer, confianza que logró regresarnos al llano y ver el camino andado maravillados y con un hambre atroz.
El paseo duró casi tres horas, no había planeado la ruta, el camino dio por resultado un chapuzón en jeans y polo, gracias a un río que quiso saludarme euforicamente; un pantalón roto por trepar con él mojado, casi doscientas fotos y muchas historias guardadas en el bolso. Pensé regresar a casa con ganas de dormir largo, pero el aroma de un pato estofado casero me detuvo, junto con el cálido saludo de una familia, que esperaba nuestro retorno ansiosos de escuchar nuestros relatos.
Pero el tiempo vuela, el cariño queda y uno tiene que partir... volvemos a casa.

La hora del planeta

Faltaban tan sólo 18 minutos y toda la ciudad apagaría las luces, eran las 8.12pm. Justo tenía una cena a las 9.00pm, pero sabemos que nadie es puntual, así que sabía que llegaría tarde y me alistaba lentamente en tanto pensaba donde había dejado las velas que compré.
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Como el invitado principal no era yo sino mi querido esposo, a los pocos minutos empezó a pregunatrme si ya estaba lista, y sí estaba lista pero para apagar las luces! ...8:30pm! y todo en casa se oscureció, las conversaciones sobre el medio ambiente llegaron, nos trasladamos al espacio imaginando un lado del planeta sin luces, el silencio nos rodeaba, hasta que escuché "bueno, vamos?".
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Tuvimos que salir de casa, nos preguntábamos si sería necesario dejar tan sólo una luz prendida como cualquier vecino lo hace. Pero, ¿y la hora sin luz?, pero "¿y si regresamos y no hay nada?", entonces optamos por dejar una luz. Total, luego llegaría Nicolás para encenderla. Salimos esperando ver un Trujillo a oscuras, pero bastaron avanzar unas cuadras para ver que no todos participaban de esta campaña, una pena.
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Sin embargo, conforme avanzábamos veíamos a algunas familias reunidas en las puertas de sus casas compartiendo aunque sea una hora escuchándose unos a otros, por las ventanas se veían algunas familias reunidas en torno a sus mesas... creo que fue un momento también de encuentro familiar, eso también cuenta para el planeta :)
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Llegamos a la cena, y pocos habían llegado...

Posteando otra vez

Ser blogger está de moda, y postear es lo más fácil... pero qué pasa cuando tus espacios libres se recortan y cada vez te alejas más y más de esta actividad, a veces el trabajo absorbe y las tareas diarias también, los pasatiempos se modifican adecuándose a tus nuevos horarios y disponibilidades.
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Como fuere, quiero volver, y postear así nadie me lea, dicen que los blogs también sirven para hacer catarsis, no sé si eso quiera, lo único que quiero es compartir mis apuntes que a veces cargo en mi memoria, recreándolas al ver algunas fotografías, con algo de música o tan solo el silencio.
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Veamos qué pasa, aquí vamos otra vez... ;)

En Zaña

Cuando me dijeron para ir a Zaña se ve vino a la mente aquella canción de Nicomedes Santa Cruz, (8)...a lundero le da, a lundero le da zaña, a lundero le da..(8), esta era mi única referencia de aquel lugar, en mis tantas idas y venidas a Chiclayo, esta vez decidimos cambiar de ruta.

Uno de esos autos antiguos tipo góndolas era nuestro ticket a Zaña, el conductor nos contaba algunas historias de carretera, qué es lo que no debemos dejar de visitar y qué es lo que debemos comer; siempre este tipo de conversaciones te dan alcances que no los encuentras en ningún mapa viajero. Siguiendo las recomendaciones de don Víctor, al llegar a la plaza principal de Zaña tomamos una mototaxi directo al Museo Afroperuano.

La presencia del Museo Afroperuano se camufla en medio de las casas de adobe típicas del norte peruano, el letrero y los dibujos nos indican que es el lugar que buscamos. Al entrar, en la primera sala resalta una serie de personalidades afroperuanas que han hecho historia en nuestra patria, sea con la música, sea con las letras o con el deporte, cada sala tiene una serie de detalles que te transportan en el tiempo. Mi favorita fue la de música, aquellos discos de vinilo colgados en las paredes era impresionante además de las vitrolas que se exponían, también conocí los bongós africanos y el cajón de calabaza. Luego pasamos por la sala de arte donde las esculturas de ébano resaltaban notablemente, la sala de cocina donde mostraban los utencilios de la época, y lo más impactante, la sala de esclavos, al entrar se sienten los gritos y el dolor de los negros arrancados de su áfrica, llantos que crearon su propia cultura y su propia dulzura para iniciar una vida más allá de los grilletes y los látigos de la indiferencia.
Al salir del museo nos dirigimos en busca de dulces típicos de Zaña y encontramos a la Sra. Donayre, una linda viejita muy conocida, con mucha rapidez se acerca a nosotros para atendernos, nos ofrece crocantes roscas dulces, alfajores con coco, barras de membrillos y unos suspiros de ensueño. Optamos por probar primero dulce de membrillo en tanto la señora nos preguntaba qué hacíamos por allí y también nos recomendó hacer el recorrido de las 19 iglesias de Zaña.
Al oir sobre las 19 iglesias pensamos en que no nos iba a alcanzar el día, y así fue, pese a que sólo tres de éstas están habilitadas para recibir visitas. Después de terremotos y varios fenómenos de El Niño, estas iglesias se han venido reconstruyendo lentamente pero el tiempo no espera y eso se siente al ver las ruinas que intentan mantenerse de pie y contar las historias del pueblo.
Nos rendimos después de visitar cuatro, estaba oscureciendo y teníamos que regresar a Chiclayo, sólo llegamos al puente colgante, áquel que era el primer lugar donde los esclavos llegaban y cruzaban el río, hoy esto se ha esfumado, la gente cultiva sus raíces, trabaja por progresar y reconstruir su legado, reconstruir a su Zaña, aquella que fuera una ciudad importante candidata por los españoles a ser la capital del Perú.

Gira y gira...

Cuando tu único juguete no necesita pilas, ni es igual al de otro, ni lo encuentras en cualquier mega tienda, y sólo necesita de ti para ser el mejor, entiendes que la simplicidad de las cosas no necesariamente tiene que ver con la ausencia de otras.
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Al caminar, gratamente, por la Campiña de Laredo, encontré a dos niños jugando diestramente con sus trompos, mostrándose orgullosos y entre sonrisas los trucos conque desafiaban cualquier interrogante.
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Este antiguo pasatiempo –tan antiguo como la cultura- me hizo pensar por algún instante que tenían al mundo entero en sus mano; pero el mundo, al contrario de su trompo, no describe en su gira y gira una danza de oropeles lúdicos hacia el cielo, pues en su tira y retira, la tira que agita el eje de sus casas alza una danza centrífuga y atroz.
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