1.9.13
Doce girasoles...
30.8.13
Una pausa en el Jardín Inglés
20.8.13
En una boda... con mi cámara.
Cuando una amiga muy querida me pidió tomar fotos en su boda, la idea me encantó. Pensé en clasificar el tipo de imágenes que se pueden hacer para crear una historia sin caer en un registro aburrido. Pensé en asistir a tantos matrimonios como fueran posibles, para recordar exactamente las partes más importantes de la celebración. Lo que no tuve en cuenta fue que el tiempo voló, que me no fui a ninguna boda, y que no tenía la más remota idea de dónde sería,... más allá de una iglesia, claro.
München, llegué después de "algunas" horas de viaje: Trujillo - Lima - Sao Paulo - Frankfurt - Berlín - ¡München!. Primera sorpresa, la boda sería en el campo. Perfecto, vamos. Estuve contenta con el clima, la luz era perfecta en la tarde. Estuve en shock al ver que el día terminaba a las 9pm. Teníamos luna llena y eso hacía hasta más romántico el lugar. Escogí posibles ubicaciones para las fotos, anoté las palabras para guiar a los invitados al momento de hacer la foto familiar. Todo estaba listo.
El día D llegó, no pude evitar que los nervios se inviten también. Sin embargo, ayudó mucho la total franqueza en las expresiones de los novios, ellos estaban realmente pensando en la boda y no en cómo quieren salir en la foto, eso me dió más confianza y simplemente dejé que todo fluya con naturalidad... sin poses, ni pretenciones de eternizar expresiones de romanticismo y felicidad fingida. Todo fue perfecto.
Durante la boda todo funcionó. No usé flash, no me gusta usarlo tampoco fue necesario. Es increíble cómo se puede participar en una boda a través del lente. No sólo porque observar y estar atento a los detalles, sino porque además te dejas envolver por toda la atmósfera que además te sugiere componer de diversas maneras con los mismos protagonistas. Pasé la primera prueba.
El día anterior ya había marcado mis localizaciones y eso en verdad fue de mucha ayuda. Los novios tenían la idea de subir al auto y conducir lentamente (felizmente fue realmente lento), mientras los invitados iban tras de ellos en medio del campo. Segunda sorpresa, en ese momento recordé que yo era única fotógrafa. A correr! Creo que fue la parte más divertida. Aunque mi equipo fotográfico no era el mejor, pero mi ojo estaba en su mejor momento. Llegó la hora de la foto familiar, recordé perfectamente cómo decir un poco a la derecha (ein bisschen rechts), un poco a la izquierda (ein bisschen links), atrás (züruck) y... olvidé cómo decir adelante. Felizmente las manos también hablan e intentaron pacientemente entender lo que quería hacer.
10.3.13
La calle Palacio...
19.5.12
Una visita "Caleta"
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| ¡Toda la playa para nosotras! |
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| Los pasos de la brisa. |
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| Un lugareño amistoso. |
12.2.12
El cóndor pasa
5.6.11
Sol y Luna
Dos amantes furtivos
escapan de la noche hacia el día,
sus huellas quedan atrás,
su amor sigue adelante.
Se amaron hasta sangrar sobre el cielo,
se amaron hasta volar con las estrellas,
se amaron y se amarán por siempre
en cada corazón que espera.
Se amaron y se amarán por siempre
más allá del eclipse que anhelan.
29.5.11
Guía de corazones

“Soy Teodolinda, pero pueden decirme Teo”, dijo nuestra guía.
Esa mañana, dos horas antes, habíamos llegado a Chachapoyas e iniciamos el recorrido hacia Gocta. Teo analizó a cada aventurero, preguntó procedencia, problemas de salud, alergias, todo lo necesario para elaborar un breve perfil del grupo. Muy orgullosa nos enseñó su radio, como quien transmite seguridad en caso de accidente o contratiempo, y ofreció llevar caballos para quienes dudaran de resistir seis horas de camino, subiendo y bajando, bajando y subiendo.
El poblado se veía cercano, dudábamos que fueran seis horas en total. Yo era la tercera en la fila. Mirando a todos lados, olvidaba mirar dónde ponía los pies y tropecé dos veces. Teo se acercaba a cada uno para cerciorarse que iniciábamos bien el camino. El verla avanzar con firmeza me incitó a preguntar cómo llegó a guía. Teo retrocedió en el tiempo, tenía 48 años y tocaron su puerta para preguntarle si quería ser guía.
Como parte de un proyecto que formaba lugareños como guías para el turismo de Chachapoyas , fueron convocadas muchas mujeres hasta cumplir un porcentaje de inscritas, pero nadie se animaba. Puerta a puerta la respuesta era negativa, hasta que Teo dijo “sí”; fue la primera, y pensar que fue para apoyar al joven que no tenía a nadie en su lista. Con muchas dudas llegó a las capacitaciones, aprendió lo básico de la ruta y sus secretos, y se entrenó tanto cuanto pudo para emprender su primer trabajo fuera de casa.
El primer grupo no tardó en llegar, tenía todo organizado, recordaba las miles de recomendaciones, los problemas y soluciones posibles, todo entraba en su mochila y en su mente; pero, Teo no contó con que cada visitante era diferente, complejo y simple a la vez. Fueron siete personas, cuatro hombres y tres mujeres, todos adultos, sabían que tenían un recorrido no muy sencillo, pero se quejaron de todo, le increparon a Teo el por qué no les advirtió antes de ir, de por qué no los ayudaba, y tantas cosas más, se quejaron con el supervisor y Teo pensó que todo había terminado. Sólo quería volver a casa y ocuparse de su familia, olvidarse de ser guía. “No es mi tiempo ya” se repetía. Sin embargo, su supervisor le dijo “es ahora que estás lista, si pudiste completar el guiado con personas tan difíciles, sin accidentes, lo puedes todo. Nos vemos mañana”… y Teo volvió.
Ya pasaron cinco años, dice, y se ríe de las historias que recuerda. Me cuenta del canto de las aves que no podemos ver, y yo muero por fotografiarlas. Su esposo los graba, me cuenta, perdido entre el verde follaje y el coro de la catarata de fondo. Le pregunté si los vendían en discos, ella sonríe y me dice “sólo no quiere olvidarlos, ni que yo los olvide”.
Mientras me agachaba a recoger una piedra fosilizada, ella fue a ver a la cuarta caminante. Aquel día, me sentí tan libremente unida al lugar, que el ver y oír cada detalle me sugería una historia distinta, entretejida con miles más de ellas, todas vivas, columpiándose en alas del viento. De seguro, para los ojos de otros caminantes, mis huellas se borrarían, pero Teo y yo sabemos que nunca dejaré de ser parte del lugar.
24.5.11
Pañuelos al aire
Puedo escuchar mil y una veces la misma marinera, pero inevitablemente mis pies iniciarán un remolino imaginario que viene del corazón y del espíritu.
Hoy estuve en una entrega de obras urbanas, con cierre de marinera. Tres parejas, tres generaciones, tres campeones, tres expresiones distintas bajo un mismo tema.
Pañuelos al aire, sonrisas al viento con picardía, hidalguía y coquetería sobre el estrado; la gente intentaba capturar toda la magia en sus cámaras. Mi imaginación volaba y mis clases de marinera de sólo un mes volvieron a mí. ¿Por qué las dejé? Demasiados pretextos, pero fueron días muy divertidos. Será inevitable que aprenda a bailarla, además es un “talento” peruano. En muchos encuentros preguntan ¿sabes algún baile típico?... y la respuesta se repite: No.
La marinera puede significar el resultado de un mestizaje que aún no termina, cada pareja agrega su cuota, le pertenece a todos y a nadie. Por eso, cuando las notas suenan, en su gira y gira galante, nace algo más que un amor de pareja, es nuestro Perú que brilla y cobija a todo aquel que se detiene a apreciarlo.
22.5.11
La nave naranja
21.5.11
La esfinge y el mar
Alistaba lentamente mi bolso para ya regresar a casa, cuando noté que tenía compañía, no sé cuánto tiempo estuvo a mi costado, pero su presencia era como la brisa misma. Me senté un poco hacia atrás para observarlo mejor, él no se movía, ni dejaba de mirar al mar. Me pregunté qué tanto podría pensar sin siquiera pestañear; hasta que volteó y se sentó mirando hacia mí. Tenía el pelo muy negro, con algunos mechones blancos, los ojos tristes del dulce color del toffee. Era simplemente un perro vagabundo.
Nos miramos como si intentáramos reconocernos; en su mirada intentó decirme algo, que no logré sintonizar; empecé a llamarlo de mil modos, y sólo logré que moviera la cola. Por unos segundos, pude sentir su tristeza pero no su abandono; verlo tan dueño de sí mismo me recordaba que él era libre y yo no era necesaria porque estaba de paso.
Desconfiado, con su lento caminar, se acercó más, pero siguió mirando al mar. ¿Acaso un perro puede advertir la belleza, la paz, la inmensidad, el misterio? El perro negro dejó su postura de esfinge y corrió. Lo vi saltar y jugar como un niño, en cada salto él y la playa se hacían uno.
Volví a casa y recordé que las mejores fotos son las que se quedan en la memoria del alma. Esta es una de ellas.8.4.09
Arriba, muy arriba
21.3.09
Posteando otra vez
17.8.08
En Zaña
15.6.08
Gira y gira...
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Al caminar, gratamente, por la Campiña de Laredo, encontré a dos niños jugando diestramente con sus trompos, mostrándose orgullosos y entre sonrisas los trucos conque desafiaban cualquier interrogante.
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Este antiguo pasatiempo –tan antiguo como la cultura- me hizo pensar por algún instante que tenían al mundo entero en sus mano; pero el mundo, al contrario de su trompo, no describe en su gira y gira una danza de oropeles lúdicos hacia el cielo, pues en su tira y retira, la tira que agita el eje de sus casas alza una danza centrífuga y atroz.
10.5.08
ALL ABOUT LOVIN' YOU
Looking at the pages of my life
21.2.08
... con los vasos contados

3.2.08
Es fin de mes...
Es fin de mes, pagaron ya!... una de las mil y un formas de decir que ya llegó el sueldo del mes, pero si es con música y coreografía incluida es mucho mejor. Creo que esta vez sí acertó el BCP, después de unos spots que requerían mucha explicación llegó al fin un mensaje bastante directo, claro y entretenido.
...me pregunto que pensarán los que a las justas ganan una remuneración diaria al ver esto, ...oh! cierto, ellos no son su público objetivo, pLoP!























